Es difícil vivir en este mundo. Es difícil compartir el lugar con todos. Es difícil tomar conciencia, de cuán conectados estamos.
Enlazamos nuestras vidas con muchas personas a lo largo de los años. Pero en cuanto ponemos un pie en este mundo, ya hemos establecido vínculos con todos. Cada movimiento, cada respiración, cada cosa que uno hace en todo momento.
No todos creen en estas cosas, pero yo fielmente defiendo esta postura. Todos influimos en el mundo, y todos influimos en los demás aunque sea de una mínima forma. Tenemos tanto poder que incluso con un par de palabras dirigidas a alguien que desconocemos completamente, podemos cambiarle el día. Sin embargo, no nos detenemos a pensar en cómo le tiramos abajo la mañana cuando insultamos a alguien porque nos chocó al pasar por nuestro lado mientras íbamos a trabajar. Andamos sueltos por el mundo, por las calles, como si fueran nuestras. Lo son de hecho, nuestras: de todos. Compartimos este mundo en el cual vivimos, compartimos cada calle, cada barrio, y cada país. Restringidos por normas y leyes, pero más restringidos por la propia existencia de alguien más.
Sería todo mejor si tuviéramos esto presente. Si pensáramos en cada persona que no conocemos cuando hacemos algo. En cambio, se excusan tras la palabra 'complicado'. ¿Es realmente complicado pensar en el otro?¿Tanto cuesta no enojarse?¿Tanto cuesta vivir tranquilo? Entonces el mundo ya no tiene salvación, si la gente se resigna a bajar un cambio y pasar los días de buena manera. Porque están, constantemente, buscando problemas. Antes la vida nos presentaba estos problemas, pero ahora nosotros los buscamos, absorbidos por el concepto de 'la vida es difícil, es un reto constante'. La vida es un reto realmente, por el trabajo, por la familia, por todo eso que uno desea conseguir y cuesta. Pero no significa que cada día debamos enfrentar problemas en todos lados. Deberíamos tomar conciencia, cambiar la perspectiva un poco, y empezar a focalizarse en los verdaderos problemas, dejando de lado las pequeñas cosas que solo hacen mal.
Agustín L.

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