Parada tras parada, más y más personas se unen al viaje. Es un día de mucho calor y nadie parece estar feliz, salvo aquella pareja de enmorados que viven en una nube de fantasía, y ese grupito de chicas adolescentes que hablan y hablan de lo primero que se les viene a la cabeza.
La gente se amontona, miran hacia afuera buscando una distracción, pero lo único que tienen en mente es a todos los que estan a su alrededor, sudados, calurosos, y algunos hasta molestos por tener que viajar asi una vez más. Aquellos que están sentados,van cómodos y tranquilos, aunque también sufren el calor.
Cada uno de un lugar diferente, salvo unos pocos, nadie comparte nada con los demás. Todos tienen diferentes pensamientos, todos tienen distintas actitudes y personalidades. Solo una cosa los une y es estar en el mismo lugar, sufriendo el interminable calor del dia. Que irónico, el sol brilla para nosotros, y solo nos quejamos de él. Deberíamos estar apreciándolo, pero no podemos ya que descuidamos tanto el lugar donde vivimos que cada vez son menos las cosas que podemos disfrutar de él.
Cada parada se ve igual a un juego de las sillas. Los que están sentados se paran, y entonces cuando el lugar está libre, todos alrededor miran al asiento, esperando la oportunidad de tomarlo, sin siquiera fijarse si hay alguien que lo necesite más que uno mismo. Discretamente se van acercando, hasta que solo uno lo consigue. Las personas mayores se sientan adelante, sin embargo hay gente pasando los cuarenta que no tiene asiento, y tras un duro dia de trabajo, o una discusión con su hija o hijo adolescentes, no sabe qué otra cosa mala esperar del dia. Quizás no resolvamos sus problemas, pero si antes de sentarnos, mirásemos a nuestro al rededor y encontrásemos a alguien que necesite un descanso de su agotada vida, podríamos ofrecerle el asiento, y aliviaríamos un poco su pena.
Pero lamentablemente la mayoría de nosotros no se fija en los demás hasta que necesita la ayuda de alguien. Triste verdad la del mundo, hace falta una catastrofe sobre nosotros paa empezar a fijarse en los demas sin discriminarlos.